Dos veces al año tenemos que cambiar la hora: en primavera, pasamos al horario de verano, adelantando los relojes, y en otoño, volvemos al horario de invierno, atrasando los relojes. Se trata de un gesto sencillo, pero suficiente para hacernos sentir cansados, desorientados o menos descansados en los días siguientes.
Entonces, ¿cómo afecta realmente el cambio horario a la calidad de nuestro sueño? Y, ¿qué podemos hacer para adaptarnos mejor a este pequeño «jet lag» estacional?
Intentemos entenderlo juntos en este artículo.
Nuestro organismo está regulado por un reloj interno llamado ritmo circadiano, que se sincroniza con la luz natural y controla el ciclo de sueño y vigilia, la producción de hormonas, la temperatura corporal, etc.
Cuando cambiamos la hora, aunque solo sea una hora, alteramos temporalmente este equilibrio natural.
Algunas personas son más sensibles que otras y pueden verse más afectadas, especialmente los niños, las personas mayores y quienes ya tienen dificultades para dormir.
El cambio de hora puede tener un impacto temporal en nuestro sueño, pero con pequeños ajustes es posible adaptarse de forma natural y sin estrés.
Un buen descanso también comienza con elecciones conscientes en términos de comodidad y soporte: los colchones ergonómicos, las almohadas diseñadas para mantener una postura correcta y los somieres que favorecen la transpiración marcan la diferencia en cualquier época del año.
Ponte en contacto con nosotros para encontrar el soporte adecuado para tu descanso y afrontar el invierno de la mejor manera posible.
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